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El hombre mojado no teme la lluvia

Domingo 1ro de abril de 2012
Palabras clave:

Los protagonistas de “El hombre mojado no teme la lluvia“ son hombres y mujeres que he ido conociendo en mis estancias en Irak, Israel, los Territorios Ocupados palestinos, Líbano, Siria, Egipto y Afganistán. Sus historias no suelen estar en los grandes titulares de los periódicos, pero sin embargo ofrecen claves y detalles fundamentales para comprender cómo es y qué pasa en Oriente Medio.

Sus vidas son una prueba de cómo esa región sigue siendo víctima del colonialismo político que operó a finales del siglo XIX y en la primera mitad del XX y que posteriormente derivó en un neocolonialismo; son un ejemplo claro de cómo la tierra, el poder y los beneficios económicos están por encima de los propios seres humanos.

EL TÍTULO:

Uno de los protagonistas del libro es Yaser Alí, un iraquí al que conocí en Bagdad hace años y que ha participado en la resistencia armada contra las tropas extranjeras. Cuando empecé a escribir el libro le pregunté si prefería que ocultara su identidad. Se quedó pensativo unos segundos y después contestó:

“Como dice el refrán iraquí, el hombre mojado no teme la lluvia. Ya no tengo nada que perder. No me preocupa que aparezca mi nombre, y si quieres, con fotos”.

Enseguida supe que ese sería el título del libro. En Oriente Medio hay muchos hombres y mujeres mojados como Yaser, que sienten que ya no tienen nada que perder. Sus vidas, su forma de pensar y de sentir, sus biografías son mapas en los que se puede leer la Historia de sus países y comprender el presente de sus sociedades y gobiernos.

“El hombre mojado no teme la lluvia” nació con ese propósito: poner nombre, voz y rostro a gente que normalmente es presentada tan solo como integrante de una gran masa a la que llamamos los árabes, los musulmanes o los judíos.

LOS PROTAGONISTAS:

A través de “El hombre mojado no teme la lluvia” podeis conocer, entre otros, a Yamila, una iraquí torturada en la cárcel de Abu Ghraib en el Irak ocupado;

a Layla, una kurda iraquí volcada en la lucha contra la discriminación de las mujeres;

a los Elhanan, una familia judía de Jerusalén que perdió a su hija en un atentado suicida;

a Sergio, un israelí judío antisionista que trabaja por los derechos de los palestinos;

a Yehuda, un colono judío religioso;

a Ibrahim, un palestino que vio morir a sus amigos en ejecuciones extrajudiciales israelíes y que vivió el encierro en la iglesia de la Natividad de Belén;

a Shadi, víctima del crecimiento de los asentamientos judíos ilegales;

a Omar, un médico palestino que sufrió las cárceles israelíes;

a Fahed, un chií libanés cuyas ilusiones se vieron truncadas por la larga guerra civil de su país;

a Sahar, una libanesa seguidora de Hezbolá;

a Lina, una palestina del campo de refugiados de Chatila (Líbano);

a Tony, un cristiano libanés integrante de las Falanges;

a Mona, una actriz siria repudiada por su familia;

a Kareem, un sindicalista pluriempleado egipcio que no renunica a soñar mientras trabaja todas las horas del reloj;

a Zahraa, una egipcia hija de uno de los líderes de los Hermanos Musulmanes;

a Abdul, un refugiado afgano exiliado en su propio país, o a Massuda, primera mujer candidata a unas elecciones en su país.

Las vidas de la mayor parte de ellos, así como los grandes acontecimientos de la región, han estado condicionadas por la voracidad de las potencias occidentales que han aupado y derrocado gobiernos y explotado materias primas sin importarles la opresión de las poblaciones y el despojo de la riqueza natural de esos países de Oriente Medio.

Buena parte de los protagonistas de “El hombre mojado no teme la lluvia” son doblemente víctimas: no solo sufren la violencia, la opresión y el abuso, sino que además son silenciadas, porque son la constatación de que nada es como debería.

Padecen su condición de víctimas y su condición de individuos molestos, que recuerdan que el planeta necesita urgentemente replantearse su funcionamiento.

Con sus historias personales he querido acercarme a esa realidad global que nos permite conocer mejor no solo Oriente Medio, sino también aquello que llamamos Occidente. Porque a través de los otros podemos descubrir aspectos de nosotros mismos.

Rodríguez, Olga. "El hombre mojado no teme la lluvia". Debate. Madrid 2009

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